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Entrevista // Antonio Miguel (Loverpool)
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ENTREVISTA A: ANTONIO MIGUEL

LCM.-“Loverpool”, bonito e ingenioso título. Enhorabuena por el disco y por las tres canciones de cosecha propia…

Antonio: Muchas gracias. El nombre Loverpool pretende definir lo que hay dentro: amor (love), esa palabra tan extraña y tan mal interpretada hoy en día. Amor es dar, y no recibir, y eso es lo que intento hacer con el público. No pretendo hacer un ejercicio de nostalgia, y sí de rescate del mejor momento de la música. La palabra Liverpool no hace falta explicarla. En cuanto a mis canciones, intenté incluir temas que siguieran una linea similar al resto intentando ser lo más espontaneo posible. La canción Loverpool fue compuesta y grabada en su totalidad en seis horas. Algo que, por cierto, The Beatles hacían con frecuencia entre gira y gira. Es un nexo de unión más con todo el disco.


LCM.-En qué momento se te ocurrió recopilar y grabar 19 baladas de los Beatles y sobre todo, no tener en cuenta sus clásicos más marchosos?

A: Estaba trabajando en lo que iba a ser mi sexto disco con material propio, pero se me estaba haciendo muy “cuesta arriba” repetirme con un proyecto similar a los anteriores. Sin que fuera premeditado, empecé a grabar algunas versiones de The Beatles, y me di cuenta que estaba haciendo una especie de trabajo de investigación sobre “cómo se grabaron esos temas hace 50 años”. Fue una especie de doctorado en producción, o algo así, ya que siempre he admirado a George Martin, su productor. He aprendido muchas cosas de él.


LCM.-¿Qué significan o han significado los Beatles en tu persona y en tu carrera como artista?

A: Fueron mi primera influencia musical, y en mi infancia quedaron grabados en mi subconsciente sin saberlo. Muchos años más tarde los descubrí y los reconocí como mis “padres musicales”. Trabajaron adelantándose a su tiempo, aunque su productor fue tan innovador como ellos. Fue la mezcla perfecta. Loverpool es un homenaje a la ebullición creativa de los años 60, más que a John, Paul, George o Ringo, que también se lo merecerían, por supuesto.


LCM.-Hay que decir que has publicado otros cinco trabajos de estudio y que con el anterior “The Other Side”, ganaste hace un par de años, uno de los premios de LA MUSICA EMERGENTE, ¿Qué significó esto para ti después de tantos años en el mundo de la música sin reconocimiento alguno?

A: Sigo pensando que fue un momento mágico. A veces, me planteo abandonar la actividad musical por diferentes causas, pero basta pensar en aquella noche para cambiar de opinión. Me sentí realmente músico, algo que en la vida cotidiana tengo que compartir con otras muchas tareas y facetas que en nada tienen que ver con la música. Sentirme músico y reconocido fue estupendo. No lo esperaba, y menos tan lejos de mi tierra. Para un canario es especial.


LCM.-¿Piensas que “Loverpool” te posiciona como candidato a ganar más premios o ese efecto se pierde en el momento en el que las versiones superan a los temas propios?

A: En realidad, nunca pienso en un premio o un reconocimiento. Deseo que la gente se identifique con lo que hago, sea propio o no. Loverpool es el álbum más completo a nivel de producción que he hecho, teniendo en cuenta todo lo que he tenido que trabajar previamente para ejecutarlo en estudio. También reconozco que no aporta ninguna novedad con respecto a los originales, pero tampoco lo pretendía. Phil Collins ha hecho lo mismo con sus influencia iniciales: el sonido Motown. Sólo pretendo decir: ¿Podríamos contagiarnos con este material y volver a recuperar la originalidad y el sentido de la música como vehículo de transformación social como hace 50 años? Probablemente no. Hoy en día, gran parte de la música que se publica resulta vacía o se repiten en exceso los mismos patrones, pero tampoco soy ninguna autoridad para sentar cátedra con lo que estoy diciendo. Lo reconozco.


LCM.-Eres Canario y vives en Canarias, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva para un artista. Que nos estamos perdiendo en la península a efectos culturales que por la causa que sea no se está importando y que se está perdiendo en Las Islas?

A: Canarias se pierde un gran mercado y la posibilidad de la profesionalización en la música. Yo mismo soy músico a tiempo parcial cada vez que grabo un disco. Hay ocasiones en las que me pregunto qué hubiera pasado si cada día hubiera hecho música, compuesto letras, y aprendido sobre la industria musical y del espectáculo. Hubiera sido una aventura magnífica y una formación que hubiera dado mucho de si. La península se pierde gente con una gran capacidad potencial, grandes instrumentistas y compositores que hoy en día son contables de banco, trabajadores de la construcción o sencillamente, desempleados, sin más aspiraciones que llegar a fin de mes.


LCM.- ¿Te consideras más intérprete o compositor en tu concepto total como artista?

A: Me considero más compositor que intérprete. Me gusta mucho crear, a pesar de haber hecho un disco de versiones. A mí manera, Loverpool también ha sido una creación. He podido vivenciar cómo trabajaba el grupo más reconocido de todos los tiempos, y eso me enriquece. No soy un buen instrumentista puesto que nunca he profundizado en ningún instrumento en particular. Mi voz no tiene recursos como para levantar un auditorio. La composición y la producción son mi pasión, y creo que mi mejor virtud.


LCM.-¿Si alcanzaras la popularidad masiva con este lanzamiento, no tendrías la espina de no haberlo hecho con material propio, con el que tanto te has prodigado a lo largo de los años?

A: No creo que haya un éxito masivo porque el mercado está inundado de productos beatle. Puede que llegue a más gente, o a gente que viene de esa escuela. Eso me puede abrir las puertas para que posteriormente quieran escuchar algo mío totalmente. Hacer covers de The Beatles es arriesgado, pero hacer cinco discos de material propio sin tener acceso al gran público es temerario. Nadie se siente atraído por lo que no conoce.


LCM.-No te hemos visto nunca tocar en Madrid, ¿Cuándo vas a revertir esa circunstancia?

A: No he tenido mucha suerte en este sentido, y ya tengo ganas de romper el gafe. Cuando tengo banda, normalmente no grabo. Aprovecho para grabar cuando ya no doy conciertos. Ahora mismo estoy en esta última etapa. Montar una banda con predisposición para viajar y montar un buen espectáculo no es fácil. Los músicos canarios de directo optan normalmente por formar parte de tres o cuatro proyectos diferentes para sobrevivir, y ello dificulta la puesta en marcha de un proyecto más ambicioso que requiere exclusividad. Pero deseo fervientemente tocar en Madrid. Siempre lo he querido.


LCM.- Este disco ha contado con ciertos colaboradores, pero prácticamente lo has grabado todo tú, cuéntanos como ha sido todo el proceso…

A: El proceso de cada canción parte de la escucha del original. Siempre me ha gustado analizar lo que hay detrás y lo que no resulta aparente. A veces escucho música, y otras, escucho sonidos. Me apasiona la producción. A partir de ahí, he intentado reproducir lo que The Beatles hicieron, con mucha paciencia conmigo mismo. Como te dije, no soy un gran instrumentista. El gran reto para mí fue reproducir las guitarras de George Harrison. También llegué a comprar algunos instrumentos de percusión y una viola, en el empeño de aprender y hacerlo todo artesanalmente, sin ayuda de muestreos y mucho menos de secuencias. Aún así, en determinados arreglos, ha sido inevitable la utilización de sonidos muestreados o de músicos externos que me han ayudado con el chelo, el violín o el saxo, así como con las voces sopranos. También aproveché mi experiencia como miembro del coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, para ejecutar el resto de voces clásicas que Phil Spector introdujo en varias canciones del álbum Let it be.


LCM.-He leído en reiteradas ocasiones que cuando un grupo o solista con talento quiere probarse realmente a sí mismo, acaba mudándose a Madrid o a Barcelona ¿podría este ser tu caso o tal y como están las cosas a nivel de negocio, es mejor quedarse con un trabajo seguro y a la música darle la importancia que le permita el tiempo libre?

A: Tengo 47 años. Hace doce años, un sello discográfico madrileño me fichó y me situó en ese dilema. La primera remesa del disco se vendió totalmente en Madrid, pero una inoportuna ruptura entre el sello y su distribuidora dio al traste la continuidad en las tiendas de El Domador de Escarabajos. De haber proseguido el éxito inicial, probablemente me hubiera trasladado a Madrid. Hoy en día, no soy ni un fenómeno de masas, y una cara bonita que pueda vender por las portadas o por su imagen. No encajo en absoluto en ese arquetipo, ni lo comparto. No me imagino recibir otra oferta para trasladarme a Madrid a estas alturas, pero la vida da muchas vueltas.


LCM.-¿Cómo te “ambientaste” para absorber la esencia Beatle, de cara a tus propias composiciones?

A: Leí un libro sobre la historia de cada una de las grabaciones, cómo se hicieron y qué instrumentos se utilizaron. Al mismo tiempo, había comprado un bajo Höfner Violin, algo que siempre había querido tener colgado de mi pared. Sin embargo, al tocarlo por primera vez, me vino toda la esencia del sonido de The Beatles. No pensaba utilizarlo, pero lo aproveché bien y no me costó en absoluto encontrar la ambientación necesaria. Estaba tocado por una inspiración que nunca sé de dónde procede. Tras una sesión de grabación, salí a la calle y un turista británico que pasaba por allí y que no conocía de nada me pregunto si me podía poner a prueba. Pensé que me estaba tomando el pelo. Me cantó dos lineas de Strawberry Fields Forever para que yo siguiera después con las siguientes estrofas. Y lo hice perfectamente. El hombre se marchó eufórico. Esta canción la había trabajado en aquellos días. Me quedé perplejo. ¿Era un programa de TV de cámara oculta? ¿Existen las señales? Pensé que Loverpool era exactamente lo que tenía que hacer.


LCM.-¿Crees que haber grabado este disco modificará en alguna medida tu capacidad para poder seguir componiendo temas propios en la línea que lo has hecho siempre?

A: Creo que en positivo. Es como si hubiera estado en Abbey Road como observador analítico de todo aquel proceso creativo, ojeando letras y partituras, y la forma de trabajar de un grupo histórico. Eso tiene que servirme de algo, pero nunca negativamente. No he pretendido imitar, sino reproducir. Como mínimo es más experiencia.


LCM.-No cabe duda de que eres un luchador y un hombre muy creativo. ¿Cómo te gustaría que se te recordase en el mundo de la música?

A: Como un músico que tuvo la suerte de hacer lo que quiso, y sobretodo  que quiso comunicar. Probablemente, mi carrera hubiera sido diferente, no digo mejor o peor, si hubiera tenido la oportunidad de dedicarme a esto día a día. Otros han podido hacerlo y me alegro mucho por ellos. Es una profesión alucinante.

Autor: Lorenzo Sanz

 

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