| Crónica // JUDAS PRIEST + BLIND GUARDIAN + U.D.O. - Palacio de Vistalegre (Madrid) - 15/5/2012 |
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Madrid se vestía de gala para recibir a uno de los grupos más míticos dentro de la industria del heavy metal, y todo ello, por segunda vez en menos de un año. Aunque la situación cambiaba un poco respecto a la anterior, en vez de tener a Saxon y Motorhead acompañándoles, esta vez la suerte les tocó a Udo y Blind Guardian. Y para terminar de rematar la faena, cambiaban de escenario; dejaban la cubierta de Leganés y tiraban para el madrileño Palacio de Vistalegre. La organización adelantó media hora la apertura de puertas, pasando de las 18:00 a las 17:30, adelantando así también la salida de los grupos. El primero en aparecer, ante un recinto prácticamente a la mitad de su capacidad, fue U.D.O..
Desplegando un show de 45 minutos llenos de energía y buen rollo, pusieron al personal en alto con ciertos temas inesperados de Accept. “Rev-Raptor” fue la elegida para iniciar el show, siguiéndole sin pausa una muy bien recibida “Animal House”. Tras agradecer su presencia en el escenario, arrancaron con “Leatherhead”, seguida de “Vendetta”. El griterío brotó ante el sonido de las primeras notas de “Princess of the Dawn” tras la cual sonó, casi sin descanso, “Man and Machine”, con la que acabaron el show "oficial". Llegó la hora de los bises, para lo cual la artillería Accept salió a relucir. “Metal Hearts” y “Balls to the Wall” sonaron como verdaderos tiros, para acabar el corto show con “Fast as a Shark”. Cerraban así un estupendo bolo, tanto de actitud como de setlist y sonido.
No la mayoría, pero sí una gran parte del público venía a ver a Blind Guardian. Los que, para no andarnos con rodeos, defraudaron en líneas generales. La mala actuación del técnico, dándonos como resultado un sonido muy desvirtuado, fastidió la actuación de los alemanes, que duró más de una hora. Aparte, y esto es una apreciación un tanto personal, vi a los alemanes parados y con un setlist de canciones de excesiva duración, lo que hizo que parte del público, que esperábamos la salida de los Judas, nos aburriésemos; llegando al punto de que gente a nuestro alrededor se sentara mientras los Guardian tocaban. Los germanos comenzaron con “Secret Words” a la que acto seguido prosiguió “Welcome to Dying”. “Nightfall” subió un poco los ánimos de los asistentes, que eran conscientes de cómo el sonido estaba arruinando el bolo. “Turn the Page”, “Time Stands Still” y “A Voice in the Dark” fueron las elegidas por los Guardian para seguir. Después de “Somewhere Far Beyond” llegó el momento de la mítica “Valhalla”. Ante la locura de los asistentes, y sin tregua ninguna, sonaba “Imaginations From the Other Side”. Llegó el momento en el que puedo decir que mejor sonó la formación, con el acústico de “The Bard’s Song”, para acabar con la mítica “Mirror, mirror”. Concierto, por culpa del sonido, para intentar olvidar. Pasaban siete minutos de las 21:30 cuando comenzaba a sonar el "War Pigs" de los Black Sabbath. Las luces se apagaban, los nervios crecían y, ante el alboroto y griterío de la gente, el telón del Epitafio caía al suelo, dejándonos ver a los Judas Priest al completo, con "Rapid Fire" sonando de un modo atronador y potente.
Con “Heading Out to the Highway” y “Judas Rising” terminaron de meterse al público en el bolsillo y nos permitían ver otra de las muchas chaquetas que Halford luciría a lo largo del show. Llegó el turno de las palabras, y frente a una proyección de la portada, Halford nos presentó el "Sin After Sin" para dar paso, posteriormente, a la canción “Starbreaker”, la cual trajo muchos recuerdos a más de uno en el público. “Victim of Changes” y “Never Satisfied”, con una breve introducción, antes de esta última, del disco "Rocka Rolla", siguieron haciendo las delicias del respetable madrileño. “Diamonds & Rust”, hizo saltar a la gente y llenarnos de energía para la siguiente parte del concierto. Estaba siendo un concierto vibrante y lleno de emociones y, para no dejar caer al público de esa emoción, se enchufaron “Prophecy” y “Night Crawler”, que darían lugar a una de las más coreadas en todo el concierto y de toda la noche: “Turbolover”; para mi gusto, de las mejor interpretadas por la banda el pasado 15 de mayo. Después de un temazo así, no podía sonar cualquier cosa. Y no se quedaron atrás, interpretando “Beyond the Realms of Death” y, ante la nueva algarabía, sonó de manera única y potente “The Sentinel”. Tomaron un poco de aire, ya que el show estaba siendo frenético. Volvieron a atacar con “Blood Red Skies” y “The Green Manalishi” para llegar a uno de los momentos más importantes de la noche. Halford, micrófono en mano, habló de la situación actual que vivimos de crisis, nos deseó suerte para salir de ella y, como gran orador/profeta, nos dio la clave del éxito... Colocando el micro hacia nosotros, nos hizo gritar como niños “Breaking the Law”, generando un delirio colectivo más que acusado. Y sin darnos tiempo de respiro, y tras un magnífico solo de batería, arrasaron con “Painkiller” para hacer la primera de sus despedidas. Pero aún quedaba mucho Heavy Metal por destilar. Regresaron a toda prisa, para que los ánimos no bajaran ni un ápice, con “Electric Eye”, a la que siguió, tras entrar Halford en moto, una vibrante “Hell Bent for Leather”. Entre la moto y la música, volvieron a conseguir que gritáramos como enanos. Y después de “You’ve Got Another Thing Coming”, y tras un maravilloso solo de Faulkner, al que cada vez se ve más integrado en la banda, hicieron su segunda despedida. Pero volvieron, ya que faltaba la canción del adiós; faltaba “Living After Midnight”, que puso el broche de oro a una noche más que redonda y maravillosa de puro Heavy Metal de la vieja escuela, en la que volvió a quedar patente que los viejos siguen siendo los mejores haciendo esto. No sabemos cuándo se retirarán, ni si lo harán. No sabremos si será su última gira, si sacarán disco, si harán el pino con las orejas o empezarán a cantar copla. Lo que sí parece un poco raro es que una banda en el estado de forma de los Judas piense en el retiro. Les queda mucha leña por cortar.
Crónica: Manué Bolsón |


























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