| Crónica // IN EXTREMO - Sala Albéniz (Gijón) - 10 de noviembre de 2011 |
|
In Extremo tocaba por fin en la provincia donde vivo, que, si bien es cierto que es más o menos visita habitual la de los teutones en la tierra de la fabada y la sidra, en cinco años no había tenido aun opción a verles. Es por ello que mi expectación era máxima, tanto es así que media hora antes de que abrieran las puertas de la sala Albéniz de Gijón yo ya estaba esperando impaciente el poder asegurarme un privilegiado sitio en primera fila.
La primera impresión que recibí fue la de darme cuenta que quizás era un escenario pequeño para lo que una banda como In Extremo necesitaba, ya que siete personas encima de un escenario, sabiendo de antemano que no paran quietos ni un segundo era casi como meter un avestruz en una jaula para jilgueros. Pero bueno, hay que comprender que ha sido un concierto anunciado de forma sorpresiva después de la cancelación de las fechas portuguesas. No obstante, sólo con que la sala cumpliera de la forma que lo hizo en el concierto de Rage y Seven en marzo de este mismo año, los fans de In Extremo se podían ir a casa más que contentos.
La segunda impresión, y más que impresión fue sorpresa, fue la de ver pegado al suelo un setlist enorme y muy completo. Eso es algo de lo que tendrían que aprender muchas de las bandas extranjeras que pasan por nuestro país. De todos es sabido que no nos caracterizamos por ser políglotas, y de los discursos y chascarrillos que sueltan con, seguramente, la mejor de las intenciones bandas de gran calado internacional nos enteramos con alfileres de muy poco. Por lo demás nos dejamos llevar por las reacciones de la poca gente que sí se entera o simplemente intentamos deducir si toca reírse, aplaudir o gritar como descosidos. Al final, si eres encima una banda germana, te vale más dedicarte a tocar tus éxitos que intentar que un público que no te entiende te siga el juego.
El concierto empezó con cierto retraso, eran las diez pasadas y yo aprovechaba para limar algunos aspectos con mi compañera. Y antes de que la audiencia comenzara a impacientarse por fin salió la primera cara reconocible, Specki el batería hacía acto de presencia y la gente ya empezaba a jalear, el resto de la banda le siguió y sin tiempo a recibirles empezaron a dar tralla con Sterneneisen, tema que le da nombre a su último disco. Si bien es cierto que en mi crítica quedó patente mi decepción ante ese trabajo, pues lo consideraba flojo, tengo que decir que en directo todos los temas fueron perfectos y ojalá que se conviertan en fijos en todos los setlists futuros. Sterneneisen fue un perfecto punto de partida.
In Extremo no daba tregua y Frei zu sein intentó caldear un poco el ambiente en la sala. El sonido que en Sterneneisen resultó un poco agolpado, resultó perfecto a partir de ese tema, lo cual dice mucho a favor del técnico de sonido, In Extremo no es una banda fácil.
Acto seguido Dr. Pymonte abrió su arcón y saco de él su arpa. Los que hemos seguido la carrera de In Extremo ya sabíamos la canción que iban a interpretar y el nerviosismo se empezó a palpar en el ambiente, las primeras notas de Vollmond empezaron a brotar de sus dedos. La gente empezó a agolparse y, aunque si ya de por sí se ve que no éramos filólogos en alemán, si que la gente se esforzó en intentar chapurrearla.
El concierto siguió por otros derroteros que no esperaba, parecía más un concierto propio de un festival más que de una gira presentando Sterneneisen, pues los clásicos y en especial el disco Sängerkrieg coparon la mayoría del setlist. Suyas fueron de hecho las cinco siguientes canciones: In diesem licht, Sängerkrieg, con gran aceptación del público; Flaschenpost, tema que nos cogió un poco a contrapié pero que fue igualmente disfrutada; Zauberspruch, que resulto un tanto letárgica y En esta noche, obligada si vas a tocar en España, algo que podíamos cantar sin hacernos un nudo en la lengua.
Después llegó otro clásico ineludible, Ave Maria, que sirvió a su vez como punto de inflexión al setlist, pues a ésta le siguieron cuatro temas de Sterneneisen imprescindibles en la velada, Siehst du das licht (mi favorita del disco), Unsichtbar, Stalker y Viva la vida, la cual tiene una curiosa anécdota. Justo a mi lado un hombre que se estaba rehidratando a base de bien a golpe de cervezas tuvo su recompensa después de pedir en más de una ocasión Amamos la vida de Accept. Lo curioso del asunto es que poco le importó que lo más parecido que tuviera con el tema de Accept fuera “…la vida”. De hecho tan agradecido quedó que empezó a vivir el concierto de forma desaforada creando un radio de seguridad a su alrededor, algo que Van Lange encontró realmente cómico.
Poco tiempo más de concierto podía quedar, y haciendo un repaso mental, aun cuatro importantes canciones quedaban en el tintero, de las cuales desgraciadamente sólo dos fueron las encargadas de dar carpetazo a la noche. La primera de ellas fue Küss mich que de nuevo nos hizo botar como locos, y tras su veloz y supuesto amago de despedida, Spiellmannsfluch, típica canción que de normal sería usada para que fuera cantada más por el público que por Michael, pero que aquí, en esta ocasión, no termino de cuajar como debiera. De todas formas, el tema y sobre todo cada uno de los integrantes de In Extremo tienen la fuerza y los medios como para convertir el momento en una verdadera fiesta.
Al final de todo, cuando los focos se apagan y los vítores dejan paso a que la calma se empiece a apoderar de la sala, sólo queda la sensación de haber asistido a un colosal concierto. Es la primera vez que veo disfrutar más si cabe a una banda actuar que a un público asistir. Y aunque me queda una pequeñísima espinita clavada por no haber escuchado dos temazos como Ai vis lo lop o Nur ihr allein, todo lo que concernía a los germanos no pudo ser más perfecto. El sonido fue perfecto, la propuesta fue perfecta, la ejecución fue perfecta, la cercanía con el público fue perfecta, ellos fueron perfectos.
Setlist:
Crónica: Gogenakis |














El público se mostró un tanto frio mientras que los germanos disfrutaban de lo lindo sobre el escenario. De hecho es la primera vez que veo a una banda divertirse tanto actuando, era como ver a un puñado de niños jugar. Les podías ver bailar, hacer corros, sonreírse y hacer bromas mientras tocaban, esa química de grupo hace que sea una delicia asistir a un concierto de In Extremo. Poco a poco la gente se fue contagiando de ese buen rollo que inundaba toda la sala, y después de clásicos como Erdbeermund y Liam, por fin se vinieron arriba con otro tema de Sterneneisen, el single Zigeunerskat. Sencillamente genial en directo.


































